El ataque de la competencia

Como consecuencia del éxito de Arias, se generó un conflicto en el mercado: mientras que el precio de la manteca artesanal semielaborada, utilizada como materia prima en la mayor parte de las fábricas se mantuvo en los elevados niveles que había alcanzado durante los años del conflicto bélico (Primera Guerra Mundial), la capacidad de compra de los mercados en los que podían vender sus productos se había constreñido de manera notable.

En este contexto de recesión se generó un clima de rechazo hacia Ángel Arias por la introducción de un sistema de producción desconocido que le posibilitaba fabricar un producto de más calidad y a menor coste, y por tanto le dotaba de una gran capacidad de expansión comercial. Ángel Arias disponía entonces de la mayor implantación territorial experimentada hasta ese momento, al tiempo que ocupaba la primera posición entre las empresas asturianas por su volumen de ventas. Todo ello resultaba, evidentemente, muy perjudicial para la competencia. Ante el poder creciente de Arias en el mercado, los restantes mantequeros montaron un “trust” en su contra (así conocido en el sector en la época) con objeto de defenderse de su competencia. El conflicto se concretó en una subida de los precios de compra de la materia prima a pesar de la recesión del mercado. La cosa les resultó aún peor, hasta el punto muchas de esas empresas tuvieron que cerrar, firmas como Hijos de Velarde, Industrial de Salas (que luego reabrió), la mantequera de Pola, etc. Arias salió reforzada del conflicto.

Motivado por la búsqueda de métodos que permitieran la mejor preservación de la calidad una vez salido el producto de la fábrica, Ángel Arias aprovechó las nuevas tiendas para instalar en sus bajos cámaras frigoríficas y una pequeña zona para hacer pastillas de mantequilla. Después de diversos intentos para asegurar la calidad del producto en el trayecto a las áreas de consumo, decidió transportar la manteca a los mercados finales por tren, en bloques de 100 Kg envueltos en paños mojados de agua helada, lo que la mantenía fría, casi congelada, y evitaba que se enranciase. Las pastillas pequeñas de mantequilla se preparaban en las ciudades. En los almacenes de sus tiendas la cortaba en pastillas de 100 gramos que se envolvían con papel sulfurado y se ponían a la venta en la misma tienda o se repartían en bicicletas a otras tiendas de ultramarinos de la ciudad que eran clientes suyos. Más adelante Arias cambió a papel de aluminio o incluso en papel celofán transparente. Este envasado era poco habitual entre los fabricantes, que solían emplear latas para que no se les estropease, por lo tanto era más diferencial. También le dio otras ventajas a Arias, como eran la reducción de costes del Impuesto del Timbre y estar menos afectada por la escasez de hojalata, uno de los grandes problemas que afectó a los mantequeros de la época. Los Arias, que en los años veinte envasaban el 80% de su producto en latas, en los años sesenta ya sólo utilizaban este envase para el 15% del volumen producido.

En definitiva, antes de la Guerra Civil la empresa de Ángel Arias introdujo importantes innovaciones en el mercado y producción de las mantecas en Asturias: mecanización y racionalización del transporte, introducción de las desnatadoras, creación y expansión de la red de tiendas y la estructura de representantes, y un mayor control de la fase industrial de la producción, lo que permitía mayor homogeneidad y calidad. Una calidad adecuadamente publicitada.

Apuntes contables de Arias (1927)