El despegue. La posguerra

En el año 1937, cuando Asturias pasó a la zona nacional, la fábrica de Oviedo se puso de nuevo en marcha, inaugurando una de las épocas de mayor auge de la empresa.

La fábrica de Nava, que también cerró durante la época en que el concejo estuvo en la zona republicana, no se volvió a poner en marcha.

A pesar de la dificultad para conseguir vehículos y maquinaria en aquellos tiempos, Arias volvió a poner a pleno rendimiento sus fábricas, rutas de recogida de leche y redes de distribución de los productos. Pocas empresas podían por entonces producir y distribuir alimentos en gran cantidad. De esa manera, Mantequerías Arias logró convertirse en la empresa más importante del sector lácteo español.

En 1940 compró en Medina de Rioseco (Valladolid) una pequeña fábrica de quesos de leche de oveja. Produjo quesos de “tipos manchego” y azules, a los que puso las marcas “Almirante” y “Peñasanta”, que resultaron un gran éxito comercial. La marca de queso azul Peñasanta sigue existiendo en la actualidad, bajo otra propiedad.

Antigua fábrica de Medina Rioseco

Puso en funcionamiento otra fábrica en Arriondas (Asturias), en el año 1944, dedicada en un principio exclusivamente a la fabricación de quesos de leche de vaca. En esta fábrica por primera vez la familia Arias empezó a recoger la leche entera en vez de la nata. Tenía en el momento de su apertura una capacidad de tratamiento diario de 5.000 litros de leche líquida, que era la materia prima básica utilizada. La recogida de la leche era diaria, incluidos los domingos y festivos. Para trabajar en estos días la empresa debía pedir permiso al Obispado y al Gobernador Civil, indicando los vehículos que se encargaban las tareas de acopio, sus matrículas y las rutas que recorrían.

Se eligió su ubicación en la zona de la región donde, con mayor precocidad, empezaban a apuntarse los cambios tendentes a la especialización lechera de la ganadería. Además, en esta localidad confluían otros requisitos indispensables para Arias: la disponibilidad de un suministro seguro de agua por la proximidad a un curso fluvial; una buena accesibilidad para el abastecimiento de consumos intermedios y para la distribución de los productos, facilitada por el ferrocarril y la red de carreteras; y la cercanía de núcleos de población que podían aportar un porcentaje importante de mano de obra, aspecto pactado por la empresa con el ayuntamiento.

En 1943, Asturias era la región española con mayor producción de leche, unos 500 millones de litros anuales, equivalentes al 28% de la producción nacional.

Fábrica de Mantequerías Arias en Arriondas (Parres, Asturias) en funcionamiento desde mediados de los años 40. Su actividad se centró en la producción de queso. La localización de la fábrica, junto a la carretera comarcal que une los concejos de Parres y Colunga, a escasos metros el entronque de ésta con la de Santander, favoreció las comunicaciones tanto en dirección Norte-Sur como Este-Oeste, y permitió aprovechar las ventajas que para el acopio de materia prima ofreció el Oriente de Asturias, más adelantado en la especialización bovina en los años cuarenta. Esta fábrica, donde se fabricaba el queso La Cabaña, fue traspasada en 2009 al grupo lácteo cántabro Lafuente.

Las técnicas industriales de producción de quesos utilizadas en otros países de Europa se habían introducido en España a través de Santander en los años 1880, estimulado por las políticas proteccionistas de finales del XIX y principios del XX. Los primeros quesos industriales de variedades europeas elaborados en España procedían de la fábrica de un perito agrícola francés, Claudio Napoleón Boffard, instalada en Reinosa en 1880. En ella se elaboraban imitaciones de las clases Port Salut, Camembert, y Neufchatel, de gran demanda en la época. Su temprano éxito le llevó a recibir en 1882 el título de “Proveedor de la Real Casa”. Algo más de un siglo después, Boffard sería adquirida por Mantequerías Arias.

 

Por otro lado, la mitad occidental de Asturias mantenía los núcleos tradicionales de producción, pero habían dejado de funcionar algunas fábricas históricas. La empresa de Antonino Arias, que seguía trabajando desde Corias, entró en decadencia en este período de posguerra. Algunos años antes su actividad se había debilitado por la muerte prematura de dos de los tres hijos de Antonino que participaban en la gestión de la empresa. Y a ello se unió la defunción del propio Antonino en 1944, fecha a partir de la cual se planteó la constitución de una nueva sociedad para mantener la fábrica de manteca y sidra de Corias. De este modo, algunas de sus hijas junto a los primos de Oviedo, hijos de Ángel Arias, crearon en 1948 la Sociedad Hijos de Antonio Arias. S.A. La nueva compañía fue concebida con un planteamiento afectivo, para mantener la actividad en el núcleo originario de la familia, puesto que era escasa su rentabilidad económica. De hecho, funcionó a la sombra de Mantequerías Arias, que era su principal accionista y dirigía las instalaciones pravianas desde Oviedo.

La Reunión de Industrias Lácteas (RILSA) y Mantequerías Arias fueron las firmas más relevantes del sector lácteo asturiano en la posguerra. La primera encabezó un proyecto de concentración empresarial que involucró a sociedades tanto asturianas como de otras regiones (Cataluña), mientras que Arias basó el crecimiento de sus negocios en la expansión de sus instalaciones y en la concentración de áreas de recogida. El soporte económico para acometer estos procesos de ampliación lo encontró Ángel Arias en los beneficios que le reportaban sus actividades comerciales. Es necesario recordar que las innovaciones acometidas dos décadas atrás habían permitido una mejora en la calidad del producto que no había pasado inadvertida para la clientela más selecta. Así, el prestigio comercial y la imagen de marca posibilitaron el mantenimiento de un volumen de ventas elevado. Ello permitió la holgura económica necesaria para afrontar nuevos proyectos sin los apuros que hubieran sido lógicos en ese período. Incluso se llevaron a cabo dos ampliaciones de capital: una en 1945, en la que se pasó de 2,5 a 4,95 millones de pesetas, y otra en 1951, en la que se alcanzaron los 14 millones.

La mantequilla Arias se vendía, principalmente, a través de las tiendas propias, que se mantenían como elemento fundamental de la red comercial, así como a través de los antiguos depósitos y de los agentes comerciales. La utilidad de estos últimos decreció ante la creación y progresiva expansión de la red de delegaciones comerciales, que acabaron por asumir la relación directa con los clientes. La expansión de la flota propia de camionetas y camiones para el reparto también contribuyó a la progresiva desaparición de los agentes y representantes.

Una década después de finalizar la Guerra, Mantequerías Arias era una firma mucho mayor que antes de empezar la contienda. Las razones principales de su éxito serían:

-Innovación en los procesos productivos y en la comercialización.

-Calidad y homogeneidad de producto

-Excelente red de comercialización en toda España.

-Mecanización de los sistemas de transporte y acceso a los mercados.

-Ampliación de la gama de productos.

-Un marketing consistente que le dotó de una excelente imagen de marca en todo el país.

-Ampliación de la capacidad industrial en Asturias y fuera de ella.

-Mayor creación de valor gracias a un mayor precio de venta y una mayor competitividad en costes.

En 1949 muere Ángel Arias, el patrón, como le llamaban. La muerte de Ángel Arias implicó la división del accionariado en partes iguales entre sus descendientes y sucesores.