La Expansión en los años 30

Casi todas las industrias mantequeras asturianas se mantenían como firmas locales mientras que Ángel Arias había acometido una importante expansión geográfica. El cierre de las firmas competidoras le permitió a su vez incrementar el área de recogida de su empresa, favoreciendo la concentración industrial por la vía de la concentración de recogidas.

Simultánea a la construcción de sus instalaciones asturianas fue la expansión de los negocios de Ángel Arias por la provincia de Lugo. Allí organizó una red de recogida de natas que, con el tiempo, justificó la puesta en marcha de una fábrica de manteca en Galicia, la primera que Arias levantaba fuera de Asturias. A partir de ella podría obtener importantes economías de transporte, evitando el envío de la nata recogida en aquella región hasta la fábrica de Oviedo. Previa a la construcción de la nueva fábrica fue la elección de la localidad en la que había de situarse; elección que recayó primeramente en Chantada, en donde se adquirieron los terrenos oportunos. Pese a ello, con posterioridad, se desechó esta ubicación por considerar que era más ventajoso establecerse en la capital provincial, por la comunicación ferroviaria de que disponía. Por fin, en 1929, entró en funcionamiento la nueva factoría, con domicilio en la calle Montero Ríos de Lugo, próximo a la estación del Norte. Al igual que en el caso de Oviedo, el emplazamiento elegido permitía abaratar los costes de transporte tanto para el abastecimiento como para la distribución. Posteriormente, la existencia de esta fábrica fue fundamental para asegurar el funcionamiento de la empresa durante los primeros meses de la Guerra Civil.

En 1933, se constituye el denominado Jurado Mixto de Ganaderos y Fabricantes de Oviedo, el primer organismo interprofesional del sector lácteo en Asturias, que tenía por finalidad el establecimiento de las primeras bases de compra-venta de la materia prima, negociadas entre representantes de los ganaderos, a través de la Asociación General de Ganaderos del Reino, y de los industriales, representados por directivos de algunas empresas (Calixto García, Mantequera de Tineo, Manuel del Valle, Antonino y Ángel Arias, Juan Martínez, y Constantino Riera). Las bases de la compra-venta recogían las condiciones del pago y de la compra, el emplazamiento de la operación, el arbitraje, el sistema de recogida de muestras y las exigencias de calidad. Además, fijaban para 1934 los precios de la leche entera, de la desnatada, de la nata y de la manteca.