Guerra contra el fraude

El final de los años 50 coincidió con la última fase de lo que los industriales conocen como “guerra de las margarinas”, debate entre las empresas acerca de la prohibición de las mezclas con grasas no lácteas. Esta práctica en mayor o menor grado y de forma legal o no (hubo varias legislaciones al respecto, sobre todo en la República durante la guerra civil debido a la escasez) se hacía desde los años 20. En la última parte de los años 50 llegó a generalizarse enormemente, causando excedentes de manteca en el mercado y finalmente estas mezclas se prohibieron para mantequillas en 1958 y para quesos en 1962. En este conflicto por las mezclas, Mantequerías Arias fue una de las empresas que más apoyó la prohibición, junto con RILSA y La Lechera de Cancienes. Hasta ese momento la adición de margarinas era habitual, lo que provocaba excedentes de manteca.

La segunda parte del conflicto tuvo lugar en los años sesenta y hacía referencia a la adición de grasas no lácteas a los quesos. En los mismos años coincidieron las importaciones baratas de leche en polvo desnaturalizada y de queso cheddar, productos que acababan entrando frecuentemente en el mercado de consumo. Todo esto influyó en la caída de precios en el campo y propició el primer conflicto moderno con los ganaderos (1966). En el seno del Sindicato Vertical, sección empresarial, se creó una comisión donde los representantes de los industriales más empeñados en acabar con el fraude fueron Nestlé, RILSA y Mantequerías Arias.

La prohibición definitiva de la adición de grasas no lácteas no fue muy estricta al principio y acabó provocando el cierre de operadores que utilizaban estas mezclas para competir con productos de bajo precio y baja calidad.