Los inicios de Arias

Fábrica Corias

Las primeras fabricaciones industriales en España de manteca ‘de Flandes’, como se llamaba la manteca salada, datan la década de 1830 tras la iniciación por Juan Antonio de la Llana en Pravia (Asturias) en 1827. Esta manteca se conservaba mejor que la fresca y permitía ser vendida en el sur de España e incluso América. La mantequilla dulce se restringía al mercado local y Castilla.

En la década de 1840 surgieron bastantes empresas en Asturias para fabricar manteca, llegando a ser 29 en 1856. En el resto de España había 4 en ese mismo año.

En 1848 surgiría en Corias de Pravia (Asturias), en el barrio alto de El Rebolleo, el embrión de la que sería la empresa más emblemática de la transformación láctea en Asturias hasta la década de 1970: la promovida por Antonio Arias y su segunda mujer, Carmen Fernández, para fabricar manteca fresca y salada en un anexo de la cuadra situada en su casa. Fue precisamente Carmen la principal promotora de la idea de fabricar manteca, pensando que podía ser rentable su venta.

Carmen Fernández se había casado con Antonio Arias después de que éste se hubiera quedado viudo al morir su primera mujer. Así, Carmen estaba preocupada por el futuro de su hijastra ya que había que pensar en dotarla y el desarrollo del negocio absorbía todos los ingresos. De manera que sisaba algunos céntimos de la venta de la manteca que llevaba a Pravia, y los fue reuniendo hasta ahorrar 17.000 pesetas con las que le compraron “La Llancona”, una buena finca cerca de Cornellana donde se fue a vivir con su marido cuando se casaron.

Por entonces los ganaderos aprovechaban la nata de la leche para hacer mantequilla y quesos para consumo propio y para vender en las aldeas y pueblos cercanos. Eran modestas las cantidades de manteca obtenidas en cada casería o quinta por la carencia de ganado de aptitud lechera y las laboriosas técnicas de preparación. La idea de negocio de los incipientes industriales consistía en la recogida de la manteca que era vendida por los ganaderos en los mercados locales próximos para su posterior lavado, preparación y venta. Se necesitaban, pues, redes de recogida lo más amplias posibles para paliar el bajo rendimiento por explotación.

El área de compra de manteca artesanal de Antonio Arias, que luego era limpiada y refinada en Corias, se extendía por los concejos asturianos de Salas, Pravia y Grado, a cuyas capitales acudía su mujer los días de mercado (martes en Salas, jueves  en Pravia y domingo en Grado) ejerciendo funciones de corredora y estableciendo una especie de acuerdo con las mujeres que atendían las denominadas “tiendas al aire”, a las que los campesinos llevaban su producto envuelto en hojas de berzas. Pesaba las mantecas que seleccionaba como aptas para incorporar al tratamiento fabril, anotaba el peso de cada unidad comprada, que en esta época se pagaba a entre 5 y 7 céntimos de peseta el kilogramo, y las almacenaba en la cesta que llevaba consigo. Utilizaba la caballería como medio para desplazarse en estas tareas de acopio.

A los Arias les pareció una gran oportunidad poder ofrecer la mantequilla así preparada en Oviedo y en Madrid, donde Ramón, hermano de Antonio, se había establecido y tenía una tienda. La idea resultó buena, y pronto levantó una pequeña fábrica al lado de la casa, que luego amplió y trasladó enfrente, al lado del río Narcea y al pie de la carretera que uniría Cornellana con Oviedo para poder tener más fácil acceso a las comunicaciones. Así fundó una nueva fábrica en la que se encontraron a partir de entonces las oficinas y el almacén, en la planta alta; las instalaciones de transformación para la manteca y para la producción de sidra achampanada, en la planta intermedia; y la bodega, en la planta baja. En las dependencias de la casa familiar quedaban las instalaciones para la preparación de trucha y salmón en conserva, algunas habitaciones para el almacenamiento y, además, un lavadero y una escuela; ésta última se había habilitado en el último piso y allí recibían enseñanza particular los hijos de Antonio y Carmen. Detrás estaba la huerta y el prado de la familia, donde criaban ganado.

Antonio Arias era inquieto y pronto mandó a su hijo Ángel a trabajar a la tienda de ultramarinos que su tío Ramón había abierto en Madrid. Así se enteró de que en la corte pagaban a precios altísimos la mantequilla que traían de Francia, y comenzó a competir con los franceses con mantequilla salada tipo holandés, envasada en unas latas redondas.

Lata Mantequilla Arias

Antonio Arias murió a comienzos del siglo XX, momento a partir del cual sus hijos Antonino y Ángel se hicieron cargo de los negocios de mantecas y sidras. Por aquel entonces ya habían cambiado de local, daban trabajo a 18 personas y contaban con un almacén bastante amplio. En el trabajo de Fuertes Arias de 1902 se reseña la empresa bajo el nombre de “Hijos de Antonio Arias”, que seguía siendo familiar. Según este autor, los productos de la familia Arias tenían una calidad excelente. La gama elaborada era: manteca fresca, corriente y extra, mantequilla salada tipo holandés envasada en latas y manteca cocida. Utilizaba las marcas “La Praviana” y “La Pastora”. Sus precios de venta a principios de siglo oscilaban entre la 2’5 y 3’5 pts/kg según calidades. En 1901 esta fábrica produjo 150.000 Kg, que se vendieron en diversas localidades españolas, Cuba y Puerto Rico, y en menores cantidades en México, Venezuela y otros países latinoamericanos.

De izquierda a derecha: Carmen Fernández y Antonio Arias, sus hijos Ángel Arias y Antonio Arias

Con la llegada del ferrocarril a Pravia, en 1904, había sido posible facturar la producción de Corias para transportarla a los principales núcleos de la región y ampliar así el número de clientes en Asturias. Pese a ello, la accesibilidad de la fábrica no era la adecuada para que el negocio siguiera creciendo. Fue entonces cuando Ángel Arias, quien junto a su hermano Antonino había asumido la dirección de la empresa tras la muerte de su padre, propuso un cambio de localización. Antonino Arias rechazó la idea de aquél, pues prefería quedarse en Corias con las instalaciones familiares, y de ese modo el negocio familiar se repartió, en 1907. Antonino se quedó en la fábrica de Corias de Pravia, y Ángel se trasladó a Oviedo, manteniendo aun ambas empresas el carácter familiar.

Ángel Arias había pensado, en un principio, comprar la Azucarera de Pravia para establecerse en sus terrenos y aprovechar sus instalaciones, pero finalmente pidió un crédito y decidió instalarse en Oviedo, en un local alquilado de la calle Campoamor, en el que mantuvo sus actividades fabriles durante los cuatro primeros años de su nueva andadura. Hacia la mitad de la década de 1910 compró una parcela de grandes dimensiones en el número 2 de la Calle Jerónimo Ibrán, junto a la estación de Ferrocarril de Económicos1 y en las proximidades de la estación del Norte, donde construyó la fábrica y un chalet para vivir con su familia. Conseguía de este modo la mejor accesibilidad posible dentro de la provincia, tanto para el abastecimiento de materias primas e insumos como para dar salida a la producción.

La puesta en marcha de la fábrica de Oviedo inició el despegue de la que se convertiría en la firma más importante de la región durante muchas décadas. Por su parte Antonino mantuvo la localización de Corias donde construyó nuevas instalaciones, continuando las tareas iniciadas por su padre tanto en el ámbito de la fabricación de manteca como sobre todo en el de la sidra achampanada, de gran fama en España e Hispanoamérica.

1 Los Ferrocarriles Económicos hacían el recorrido entre Oviedo y Llanes, donde conectaban con la línea de Santander. La puesta en marcha de su trazado completo tuvo lugar en 1905 aunque en años anteriores ya funcionaban los tramos de Infiesto y Arriondas