Mantequerías Arias se convierte en empresa internacional

Mantequerías Arias continuaba en el pelotón de la cabeza de la industria láctea asturiana y entre las primeras empresas españolas del sector, con un ritmo de crecimiento tan importante que, para poder sostenerlo sin frenar el desarrollo de la empresa fue necesario reinvertir todos los beneficios obtenidos por las ventas. El propio crecimiento empresarial comenzó a absorber sistemáticamente todas las ganancias y, de esta manera, se agotó la capacidad económica de una empresa que nunca había perdido su carácter familiar, pues 21 integrantes de la familia Arias formaban parte del accionariado y muchos más participaban en los diferentes departamentos de la empresa.

La dirección de la empresa, liderada por Fernando Arias (tercera generación), consideró que la venta era la mejor opción para mantener el ritmo de crecimiento, a través de la participación de otra sociedad mejor preparada para afrontar las exigencias de gestión de una firma del tamaño que Arias había adquirido. En un primer momento se mantuvieron contactos con Kraft, pero fue con la multinacional financiera W.R. Grace, de origen norteamericano, con la que prosperaron las negociaciones. Se trataba de una entidad con inversiones en diversos sectores que había llevado a cabo la compra de empresas alimentarias europeas y estaba interesada en introducirse en el mercado español, aunque sin un criterio bien definido. En junio de 1967 W.R. Grace compró el 60% del capital y, tras ampliaciones sucesivas de su participación, se quedó con la totalidad del capital social cinco años más tarde.

También adquirió la sociedad Hijos de Antonio Arias, vestigio de la tradicional actividad familiar en Corias, pero desmanteló las instalaciones mantequeras y vendió la licencia de producción de sidra, al considerar su fabricación poco rentable. Igualmente se deshizo de la granja de Oviedo y de la red de tiendas propias, por constituir éstas un canal de distribución que comenzaba su obsolescencia en esta nueva época en la que empezaban a hacer aparición los supermercados e hipermercados en cadenas organizadas. La venta de los locales comerciales, de la granja y del solar de Jerónimo Ibrán, al trasladarse la fábrica principal a Vegalencia, generó importantes plusvalías por su localización. También se obtuvieron beneficios importantes de la venta de los terrenos de las fábricas de Puente San Miguel y Cabezón de la Sal que habían pertenecido a La suiza Montañesa, cuya maquinaria fue trasladada a Asturias.

A mediados de los años setenta se experimentaron mejoras en la red de abastecimiento de leche. Comenzó a realizarse la recogida con camiones dotados de cisternas, lo que contribuía a la conservación de la leche en unas condiciones óptimas para su posterior tratamiento industrial. Sin embargo, no se habían generalizado aún los tanques de frío entre los ganaderos vinculados a Arias, pues la red eléctrica no estaba extendida en el medio rural. Como solución parcial para resolver el problema de la refrigeración se establecieron centros de recepción de leche en Villaviciosa y en Luarca, dotados de tanques de enfriamiento. Se trataba de instalaciones construidas por la propia empresa o por cooperativas de ganaderos asociados con Arias, en las que se acumulaba la materia prima en un momento previo al traslado definitivo a la fábrica.

Avanzada la década, y en la medida que la expansión de la red eléctrica lo permitía, comenzaron las campañas para la concesión de créditos a los ganaderos, con el fin de que pudieran instalar en sus explotaciones los medios técnicos adecuados. En algunos casos la propia empresa se encargó de la compra de tanques de frío de 2.000 litros para entregarlos a las explotaciones más viables, en las que se pretendía estimular un aumento importante tanto de la cantidad de leche obtenida como de su calidad.

A pesar de todo, la gestión de W.R. Grace no resultó eficiente. Se trataba de una multinacional fundamentalmente inversionista, muy preocupada de los beneficios que le reportaban los negocios en los que invertía, pero poco hábil a la hora de trazar estrategias empresariales que permitieran el desarrollo creciente de las empresas industriales bajo su propiedad. Por ello, los resultados que sus propietarios esperaban de los negocios alimentarios no se produjeron y decidió vender las sociedades adquiridas en Europa.

De esta manera, seis años después de su primera venta, Arias pasaba a manos de otra empresa extranjera, francesa en este caso, mucho más eficiente y experimentada en el sector lácteo: Bongrain. Era agosto de 1977 y para el grupo Bongrain, esta inversión en España fue la primera implantación industrial realizada en Europa dentro de su expansión internacional fuera de Francia.

Veinte años más tarde, en 1997, Bongrain protagonizaría uno de los primeros proyectos serios de concentración del sector de leche de consumo español. En 1989-90, la Union Laitìère Normande entra en España participando las empresas CELBASA, propietaria de ATO en Cataluña, LAGISA en Asturias y LARSA (Galicia). Más adelante, las dificultades financieras de la matriz francesa hacen que acabe en las manos de Bongrain a través de su filial Compagnie Laitière Européene (CLE, conocida por marcas como Elle-et-Vire) en 1992, con lo que en España Bongrain se encuentra con un negocio de leche líquida de consumo además de su negocio de queso y mantequilla. Esta actividad de leche, que operaba en España bajo la sociedad Iberlat, fue fusionada con la Central Lechera Asturiana (CLAS) para formar la Corporación Alimentaria Peñasanta (Capsa). En el año 1992, la suma de ambas suponía ya la recogida de 700 millones de litros de leche y con el tiempo, Capsa se llegaría a convertir en el líder de la leche líquida de consumo en España. El grupo Bongrain, que pasó a denominarse Savencia en 2015, vendió este año su 27% de participación en Capsa a su socio CLAS y desde entonces su presencia en España en el sector lácteo se circunscribe a Mantequerías Arias.

Las primeras actuaciones de Bongrain al frente de Mantequerías Arias se encaminaron a la redistribución de algunas de las producciones de las diferentes fábricas. La fábrica de Canero se especializó en la fabricación de queso de pasta prensada semicurado y dejó de producir leche en polvo. La obtención de este producto y del suero en polvo se mantuvo solamente en Arriondas, donde en 1973 se había instalado la segunda torre de polvo de la empresa. Se cerraron las delegaciones comerciales y los depósitos propios para ceder las operaciones de distribución a empresas subcontratadas.

En 1982 había en Asturias 47 establecimientos y 44 empresas lácteas, de las cuales las seis mayores recogían el 82,2% de la leche tratada y generaban el 87,6% de la producción; estas cifras indican una importante concentración de la actividad en torno a las empresas con mayor desarrollo empresarial: CLAS, ILAS, Nestlé, Mantequerías Arias y LAGISA. En ellas se mantenía el proceso de diversificación de su producción, sobre todo en Sociedad Nestlé AEPA, en Mantequerías Arias y en CLAS.

El peso de la mantequilla dentro del sector lácteo asturiano descendió hasta el 2,7% en 1980, aunque se elaboraba en la región el 36% de la mantequilla española. Asturias, gracias a Mantequerías Arias, mantenía aún la supremacía en el mercado de este producto después de siglo y medio, pese a la decadencia de numerosas empresas familiares que se habían dedicado durante décadas a esta producción.

Por primera vez, en los años 80, se empezaron a vender productos con marcas diferentes a Arias, que se dedicó fundamentalmente a la leche en polvo y la mantequilla. Así, se introdujeron en el mercado español nuevos productos como la marca insignia de pasta blanda del grupo Bongrain “Caprice des Dieux” o “Chamois d’Or”, que al principio se elaboraban en la planta de Vegalencia ya que la importación de estos productos resultaba desventajosa en esa época. Otras marcas de esa época eran “Airiños”, “Natitas”, “Heritage”, “Henri IV” o “Chavroux” y por supuestos las que llegaron a ser más conocidas y siguen comercializándose en el siglo XXI como “La Cabaña” o “San Millán”. En esta década, el peso de los productos queseros respecto a otros tipos de productos fue aumentando significativamente, influenciado por el carácter de la matriz.

En 1986 Mantequerías Arias registró 5.710 millones de pesetas de cifra de negocios, lo que supuso el 11% de la facturación de Bongrain fuera de Francia. Contaba con 350 trabajadores. Ese mismo año el grupo francés se deshizo de la fábrica de Canero, que fabricaba solamente quesos y que quedó en manos de la cooperativa Valdés SAT y de los trabajadores de la fábrica, y tres años más tarde vendió la fábrica de Medina de Rioseco al comerciante de quesos asturiano Quesos Campillo.

Por otro lado, a la matriz francesa le interesaba el desarrollo de los productos a base de leche de cabra y en 1988 adquirió la fábrica de Orgaz (Toledo), dedicada a la elaboración de cuajada de cabra. Esa actividad fue transferida en la primera década de los años 2000 a la fábrica de Ronda (Málaga) que pertenece a Arias desde la compra de Angulo general Quesera en 2003.

Fábrica de Orgaz

Muelle de descarga de leche en la fábrica de Ronda

 

 

 

 

 

 

A finales del siglo XX, Mantequerías Arias mantenía las fábricas asturianas de Vegalencia y Arriondas, y tres nuevas: la de Orgaz, la fábrica de quesos Boffard en Valladolid -comprada en los años noventa al grupo Osborne- y la fábrica de queso con denominación de origen manchego “Casa del Campo” de Albacete, que procedente de la actividad de la Union Laitière Normande se integró en Arias en 1997.

Fábrica de Albacete

Actualmente, Mantequerías Arias mantiene en España cinco centros de producción, especializados por tipo de productos: Vegalencia (Asturias), Burgos, Valladolid, Albacete y Ronda (Málaga).