Red Comercial

LAS TIENDAS Y LA DISTRIBUCIÓN

La empresa de Ángel Arias disponía de una organización comercial que le permitía adaptar la frecuencia de los repartos a los pedidos de los clientes, comercios de calidad y hoteles fundamentalmente, aunque en condiciones normales el reparto tenía una frecuencia semanal. Para el transporte sustituyó progresivamente las caballerías por vehículos a motor propios, concretamente unas camionetas Hispano Suizas que se usaron hasta después de la Guerra Civil. Estas camionetas calzaban ruedas macizas, mejor adaptadas a las condiciones viarias de la época.

Las dificultades de los mercados de mantecas después del auge tras la Gran Guerra provocaron una época difícil para las industrias que, en general, habían invertido. La estructura de Ángel Arias ponía a su empresa en situación ventajosa y la perfilaba, ya en aquella época, como la principal mantequera del Principado. Ahora tenía que asegurarse de que su mantequilla se iba a vender por toda España y para ello Ángel amplió la red de establecimientos comerciales de su padre hasta abrir un total de 17 en otras tantas ciudades españolas. A la hora de elegir su emplazamiento urbano optó siempre por los centros históricos y, dentro de ellos, por las zonas comerciales de prestigio. De esta forma se refrendaba el carácter de producto de calidad que se pretendía para la manteca, pero, además, ello permitía también la comercialización de otros comestibles, considerados de lujo, destinados a una clientela acomodada principalmente.

La primera tienda de estas características fue abierta en 1916 en Madrid, primero en el número 20 de la calle Mayor y posteriormente en el número 4 de la misma calle. Después se instalaría en Sevilla (calle Sierpes), en Valencia (calle María Cristina), en Barcelona (Pza. Cataluña), en Málaga (calle Nueva), en San Sebastián (calle Fermín Calbetón), en Alicante (calle Joaquín García Morato), etc. La de Oviedo estaba en la calle Uría y contaba con 7 empleados, 5 en la tienda y 2 repartidores. Estos últimos se encargaban de atender los pedidos a domicilio realizados por los clientes pudientes y por ciertas personalidades, entre las que se encontraba el Gobernador Civil, y para ello contaban con un carromato. Las ventas de esta red de tiendas representaban, para la empresa, una fuente de ingresos complementaría que le permitía mantener los costes de la actividad industrial al tiempo que mejorar su cuenta de resultados.

Tienda Arias en Madrid

En esta red de tiendas, además de sus productos, Ángel Arias ofertaba otros productos de calidad: por ejemplo, vinos Paternina (Rioja), producto que introdujo en Asturias. En la primera época empezó a vender sus productos con la marca “Ángel Arias” y en la década de los veinte creó la marca “Flor de Asturias”.

Su hermano Antonino, por su parte, se beneficiaba del mantenimiento del comercio que había abierto años antes su padre en la calle del Carmen nº 1 de Madrid; comercio en el que se continuaban vendiendo la manteca, la sidra achampanada, la trucha y el salmón enlatados, fabricados desde el siglo anterior por la familia.

Además de la red de comercios al detalle, Ángel Arias contaba con 20 depósitos, propiedad suya o en concesión, en los que se almacenaba la mercancía destinada a cada ciudad. El personal que los atendía era subcontratado y no estaban abiertos al público ni a minoristas; en ellos no se gestionaban pedidos ni se vendía, simplemente servían para almacenaje de mercancías. De la captación de clientes, las relaciones con éstos y la gestión de los pedidos, al margen de la venta directa en las tiendas de la empresa, se encargaban más de 300 agentes comerciales distribuidos por todo el país, lo que da cuenta del extraordinario nivel de organización comercial de esta empresa.

La frecuencia y el volumen de los pedidos eran dispares en función del ritmo del consumo en cada plaza, del funcionamiento de cada negocio y de la época del año. La mayor demanda se registraba en las festividades de Carnaval, Pascua y, sobre todo, Navidad, fecha en la que la tienda de Arias de Oviedo preparaba numerosas cestas con productos de lujo que saturaban su actividad.

Los precios de la manteca asturiana dependían, en primer lugar, del recipiente de presentación, pues la que se vendía en sacos y en cajas era unos 10 céntimos más barata; similar diferencia a la de las latas de mayor capacidad con respecto a las pequeñas. También influía la época del año, siendo más barata la manteca en las épocas de poca demanda. Arias ponía la manteca fresca a 2,50, la salada corriente a 2,75 y la salada extra a 3,25 pesetas/kg.