Tecnología

LAS DESNATADORAS 

Durante el invierno de 1919-20 Ángel Arias realizó un viaje a Suiza que resultó de máxima importancia para el desarrollo de la industria mantequera asturiana: se trajo máquinas desnatadoras para instalar en el campo, lo que revolucionaría los mercados locales de mantecas. La empresa de Ángel Arias fue la primera que introdujo este sistema de compra de la materia prima. En una primera fase se importaron unas 400 desnatadoras, marcas Alfa-Laval y Westfalia, que se instalaron por las aldeas, en la casa de uno de los ganaderos, y allí desnataban todos los ganaderos que previamente habían establecido un acuerdo de colaboración con Arias para la recogida de la nata, ya que las máquinas eran propiedad de Arias. Dejaban la nata y se llevaban la leche desnatada que utilizaban para su consumo y para alimentar ganado de cerda. Después los camiones recogían la nata. En un principio se encontró mucha resistencia al cambio. Este salto tecnológico permitió a Ángel Arias controlar una parte mayor del proceso de producción de mantequillas y, a partir de ahí, pudo estandarizar la calidad de sus productos. Con ello ya no tenía que mezclar mantecas de muy distintas procedencias, sino que toda su mantequilla se hacía partiendo desde la misma nata y así conseguía mucha mejor calidad y regularidad en el sabor.

El método tradicional para desnatar la leche consistía en dejar reposarla unas cuantas horas, con lo que la nata subía a la superficie. Entonces la retiraban con unas cucharas planas de madera, y la dejaban tres o cuatro días en un lugar con temperatura y ambiente adecuados donde, por la actuación de los fermentos propios de la leche, la nata maduraba para luego hacer mantequilla.

Las desnatadoras industriales, por el contrario, separaban la nata por centrifugado, haciendo girar rápidamente la leche, separando la nata por su menor peso, y consiguiendo en poco tiempo obtener mucha más nata que por el método tradicional, multiplicando la productividad.

Este cambio no sólo dotó de una enorme competitividad a Arias, sino que tuvo consecuencias radicales en cuanto a la relación de la industria con los ganaderos, al pasar de relaciones comerciales en los mercados a relaciones estables de abastecimiento.  La fábrica de Oviedo pasó a recoger las natas dos veces por semana, rompiendo el sistema tradicional de venta de las mantecas elaboradas por los campesinos en los mercados semanales locales. Durante un tiempo mantuvieron la compra de ambos productos.

La nata era recogida dos veces por semana en las zonas de mayor accesibilidad mientras que en los municipios de montaña, como Belmonte y Somiedo, la frecuencia era semanal e incluso quincenal en invierno.

La leche desnatada y los sueros resultantes del proceso de obtención de la nata, como hemos dicho, se los quedaban los ganaderos y los utilizaban para consumo propio y para la alimentación del ganado de cerda.

Precisamente, a raíz de la instauración de este sistema de descremado, la industria mantequera y la ganadería porcina quedaron vinculadas por el aprovechamiento que esta última hacía del suero que la primera generaba. Con el tiempo las propias empresas industriales lo aprovecharon en granjas de cerdos creadas y gestionadas por ellas, como la que Arias estableció en Oviedo, en el barrio de Vetusta, nombre que tomó la explotación. En ella se inició en los años treinta la cría de ganado porcino importado de la raza large-white. En 1939 Arias compró el solar que albergó a la granja, en el antiguo campo de fútbol del Estadium, con 500 madres. En las épocas de nuestra posguerra de mayor desabastecimiento de alimentos se llegó a pagar el suero a 25 cts de peseta el litro. En estos años se desarrolló mucho este negocio, coincidiendo con una época difícil de producción del porcino en España debido a la escasez de piensos y la política de cereales. Los lechones de tres meses se vendían a los ganaderos que los cebaban con subproductos de sus explotaciones. Arias llegó a tener personal para asesorar cómo sacar el mejor rendimiento a los cerdos y así mejorar sus relaciones con los ganaderos y asegurar la continuidad de la entrega de leche, nata o manteca.

La creación de la red de desnatadoras en un creciente número de municipios en los que se producía una cantidad importante de leche exigió la utilización de vehículos de motor para las tareas de recogida, aspecto en el que Ángel Arias también fue pionero en Asturias. La capacidad de abastecimiento y la rapidez con la que la materia prima llegaba a la fábrica aumentaron notablemente al dotarse la empresa de una flota de camiones y camionetas que pasaban recogiendo los bidones por los pueblos. Cuando las aldeas estaban en zonas aisladas, en las que el acceso de los vehículos era más complicado, los bidones se acercaban mediante tiro animal hasta el punto más cercano por el que pudiera circular la camioneta. A veces era alguno de los ganaderos el que se encargaba de acercarlos en un motocarro hasta las inmediaciones de la carretera. Las principales líneas de recogida de Arias eran: Salas-Tineo-Allende-Cangas de Narcea; Luarca-Navia-Coaña-El Franco-Tapia-Castropol-Ribadeo; Oviedo-Las Regueras-Candamo-Grado-Pravia; Oviedo-Siero-Sariego-Villaviciosa; Parres-Ribadesella-Llanes-Onís-Cangas de Onís; Gijón-Carreño-Gozón-Avilés; Avilés-Castrillón-Soto del Barco-Muros del Nalón-Cudillero-Luarca; y la Llanera.

Esta red transformó la articulación de la cadena de producción y modificó la importancia relativa de cada uno de sus eslabones, consolidando el predominio de la mecanización en la elaboración del producto.

La aplicación de esta nueva tecnología supuso para la empresa introductora la consecución de una producción mayor que la de las otras firmas, de más calidad y a un coste más bajo. De este modo conseguía unos beneficios extraordinarios puesto que los precios de mercado estaban determinados por los costes de las restantes empresas, más altos debido a su inferior nivel de mecanización. Esta exclusividad de la innovación la mantuvo Ángel Arias durante al menos diez años. La difusión del sistema de las desnatadoras entre las restantes empresas fue muy lenta; de hecho, durante la década de 1920 sólo fueron utilizadas por la firma de Ángel Arias. Solo a partir de los años 40 se popularizó este sistema, dotando a Arias de una ventaja competitiva duradera.

Además de esta innovación disruptiva en el proceso, Arias también dispuso de uno de los primeros malaxadores mecánicos, traído de Francia antes de que se conocieran o fueran habituales en el resto de empresas.

El mismo ingeniero Lefeldt que creó la primera desnatadora centrífuga, diseño el malaxador mecánico, que permitía una mayor rapidez y eficacia en la eliminación del suero que todavía contenía la manteca obtenida tras el proceso de batido. Esta máquina se componía de una plataforma cóncava, en la que se depositaba la manteca, sobre la que se hacía girar de forma radial un rodillo acanalado accionado por una manivela. Debido a la forma cóncava de la superficie, el suero extraído con el movimiento del rodillo era fácilmente expulsado.